En los últimos diez
años, desde que me han diagnosticado Esclerosis Múltiple (E.M)
he visto sufrir y morir a muchas personas, cuando la experiencia me ha mostrado
que gran parte de ese dolor es evitable.
Al
menos, si en aquel entonces hubiera sabido lo que hoy sé, seguramente no
precisaría la ayuda de un bastón para caminar y con el conocimiento
adecuado, muchos pueden evitar situaciones similares. De cualquier modo, el
haber dejado atrás severas condiciones de incontinencia urinaria, problemas
visuales, cansancio permanente o dificultades para expresarme y haber estabilizado
esta enfermedad por casi quince años, me coloca en un privilegiado sitio
lleno de autoridad moral, el lugar de quien habla por experiencia propia y ha
liderado su destino.
Si te han diagnosticado E.M., lo peor que puedes hacer es dejarte llevar
por el pesimismo; mucho menos productivo será negar tu condición
o la potencial gravedad de la misma. Debes conocer exactamente a lo que te enfrentas
para poder alinear tus recursos efectivamente. El dramatismo no te ayudará
y una actitud positiva no significa levantarse por la mañana, mirarse al
espejo y decirse hoy estoy mejor que nunca cuando en verdad estas
desecho, sino que más bien se trata de aceptar la realidad y decidirnos
a hacer algo productivo para estar mejor, dándole alimento real a la esperanza.
Contamos
con muchas investigaciones (muchas veces silenciadas), que apuntan a que en
la naturaleza están los mejores elementos para hacer más benigno
el curso de esta enfermedad, y aunque aún restan hacer trabajos que sinergicen
el valor de muchas sustancias inocuas, lo cual podría mejorar mucho los
resultados en los que baso mis afirmaciones, muchas han sabido demostrar su eficacia
individualmente y lamentablemente no son aprovechadas por la gran mayoría
de los enfermos de E.M.
Una serie de cambios simples en la alimentación pueden mejorar la calidad
de vida en forma notable y, consecuentemente, alargar la misma; estos datos han
sido probados en estudios que han durado varias décadas, y hoy podemos
afirmar, sin duda alguna, que la alimentación es la medicina más
eficaz para quien padece E.M.
Los ácidos grasos Omega 3 y Omega 6, correctamente administrados,
constituyen otros elementos claves para mejorar la salud, no sólo en la
E.M., sino en todas las enfermedades donde el sistema inmunológico está
comprometido (lupus, artritis, escleroderma...); a pesar de más de treinta
años de investigaciones exitosas, la mayoría de los enfermos desconoce
esta posibilidad.
Todas las herramientas que utilicemos para prevenir infecciones también
ayudarán a evitar las temidas crisis que pueden ir invalidando a la persona;
la nutrición ortomolecular y la fitoterapia tienen mucho que aportar al
respecto.
La
extensión de este espacio me impide desarrollar estos y otros aspectos
posibles, pero espero haber despertado la necesidad de ir más allá
de lo evidente en busca de todo un mundo por descubrir; yo lo he comenzado a hacer
hace casi quince años, y a lo largo de este tiempo, he visto que quien
hace lo que hay que hacer, y va más allá de las posibilidades impuestas
por las limitaciones de la ignorancia, se convierte en una luz de esperanza y
evolución que no solo le beneficia a uno, sino que impulsa positivamente
la transformación de la humanidad.
Pablo
de la Iglesia es autor de los libros "Recuperar la Salud" (Editorial
Errepar), "Esclerosis
Múltiple, su tratamiento según un enfoque natural"
(Ediciones Obelisco), "Estimula
Tu Inmunidad Natural" (Ediciones Obelisco) y "Cáncer,
su prevención y tratamiento natural" (Ediciones Libertarias
-próxima publicación-); para contactar con el autor puede enviar
un correo a poreldespertar@yahoo.com.mx o visitar www.poreldespertar.com
Articulista de cuerpomenteyespiritu.com
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