El
mes anterior hablamos un poco de la definición
de aditivo, clasificación y algunos
de los riesgos que puede tener el consumirlos
de forma frecuente. En este artículo
introduciré un nuevo concepto:
la IDA (Ingesta de aditivo Diaria Admisible)
, que es la cantidad de aditivo en mg,
por kilogramo de peso de la persona, y
al día, que puede consumir una
persona durante largos periodos de tiempo
o durante toda su vida sin que aparezcan
efectos tóxicos o adversos,
no siendo esto aplicable a neonatos. Por
ejemplo, si el valor IDA de un aditivo
es de 0,1 mg, una persona que pese 80
kg podrá ingerir hasta 8 mg diarios
de ese aditivo, pero un niño de
35 kg solo deberá ingerir a diario
un máximo de 3,5 mg de ese aditivo.
Se tiene que tener presente que la
IDA permite a la industria añadir
a los alimentos sustancias potencialmente
tóxicas con la condición
de no sobrepasar ciertas cantidades.
Un tipo de aditivo muy utilizado, es el
perteneciente al grupo de los potenciadores
del sabor (E 6). Son sustancias
que por si solas no tienen efecto, pero,
dispersadas en el medio adecuado, potencian
el sabor, engañan al paladar. No
están permitidos en alimentos infantiles.
El más conocido es el glutamato
monosódico, al cual se le acusa
de provocar el llamado "síndrome
del restaurante chino" que cursa
con escalofríos en la espalda,
jaquecas, espasmos musculares, palpitaciones,
hormigueo, somnolencia, opresión
en la cara, rigidez de cuello, además
de problemas gastrointestinales. Se añaden
a los alimentos deshidratados, congelados
o en conserva para devolverles el sabor
perdido.
Otro grupo ampliamente usado es el de
los edulcorantes (E 9). Se adicionan con
la finalidad de aportar sabor dulce. Los
hay que aportan calorías y que
no las aportan. Existen de origen sintético
y natural y hay amplias diferencias en
cuanto a su poder edulcorante (PE): por
ejemplo, la sacarosa tiene un PE de 1,
la lactosa de 0,3, el aspartamo 200 y
la sacarina de 300 a 500. Existe la llamada
taumatina que tiene un PE de 2000 a 3000
y se considera la sustancia más
dulce que existe, figurando por ello en
el libro de record Guiness.
El abuso de polioles (sustancias de bajo
poder edulcorante y por ello la cantidad
usada debe ser elevada ), puede provocar
dolores abdominales, mareos, flatulencias
y diarreas, Se recomienda no pasar
de los 20 g al día.
El aspartamo (E951), es el edulcorante
más extendido en el mundo. Su toxicidad
está siendo objeto de polémicas
en Estados Unidos, donde se le ha acusado
de provocar convulsiones, estados de coma,
tumores cerebrales y ceguera. Puede
influir negativamente sobre los centros
nerviosos que regulan el apetito y la
saciedad.
Los ciclamatos (E952), prohibidos
en muchos países desde 1970, podrían
potenciar el efecto cancerígeno
de otras sustancias.
La sacarina (E954) potencia la
acción cancerígena de otras
sustancias. Dosis altas provocaron cáncer
de vejiga en ratas en experimentos
llevados a cabo en los años 70.
Está prohibida en Francia y
Canadá, y en Estados Unidos es
obligatorio indicar en las etiquetas:
"puede ser peligrosa para la salud".
Lo cual no hace más que demostrar
lo absurdo de la cuestión, al igual
que con el tabaco, se advierte de una
forma extravagante de sus efectos nocivos
para la salud pero en cambio se sigue
comercializando, el dinero es lo primero.Se
debe indicar que la sacarina está
prohibida en la industria alimentaria
y solo se vende como edulcorante de mesa,
para uso irracional de las personas que
previa ingestión masiva de múltiples
alimentos, pretenden "compensar"
para no engordar, diciendo al camarero
aquello de: " el café con
sacarina
".
Los edulcorantes, se usan en los llamados
y tan de moda -lamentablemente- productos
light, en alimentos para diabéticos,
refrescos, helados, chicles, repostería,
pastelería, salsas.
El acto de alimentarse es algo que se
hace a diario, es muy influenciable, da
mucho juego, y eso la industria lo sabe
a la perfección. No hay más
que fijarse en los anuncios de televisión,
revistas. Desde aquí os pido
que reflexionéis acerca de cómo
os influencia todo este bombardeo publicitario,
cuyo único fin no es otro que el
económico. ¿Realmente
nos dicen la verdad? Pensadlo!
Abel
De Toro (Homeópata
- Experto en herbodietética)