Estamos
viviendo una época en que la unión
de la crisis con la violencia, resulta
ser una bomba donde los gases que emiten
hace difícil en muchos momentos
de la vida respirar.
Mientras
muchos politicos invierten su tiempo en
agrandar el ego o en decirse barbaridades,
hay muchas personas que sin otro remedio
tienen que buscar en los contenedores
algo que llevar a la boca, esta imagen
ha dejado de ser aquella de vagabundos
o gente de la calle, ahora la mayoría
de estas personas que se encuentran buscando
son seres que disponían de su trabajo
e injustamente de repente se encuentran
que no tienen para pagar su hipoteca,
tranquilamente es un vecino nuestro.
La
pobreza ahora no exclusividad de la gente
de la calle, esta pobreza la estamos viviendo
en amigos intimos que de vivir medianamente
bien, de repente la vida le da el revés
de la noche a la mañana, donde
les ahogan las hipotecas y el poco dinero
que tienen es obligatorio invertirlo en
el banco si no quieren irse a dormir en
un banco de la calle. Los comedores comunitarios
están saturados, no es necesario
hoy irse a India de voluntario, sólo
tenemos que mirar a nuestro alrededor
y ver la terrible dureza que económicamente
nos está tocando vivir, dando lugar
esta situación a la violencia.
Las
noticias hablan que la asistencia a los
psicólogos han crecido desorbitadamente
debido a la ansiedad creada por el miedo
a encontrarnos en esa persona que un día
nos pedía dinero para un bocadillo.
Es
una época de reflexión,
de concienciarnos de lo que ocurre para
extender la mano, es hora de abrir los
ojos y ayudar, de abrazar, ofrecer amor,
porque como dijo Ghandi : "Nadie
puede hacer el bien en un espacio de su
vida, mientras hace daño en otro.
La vida es un todo indivisible".
Es esencial abrir los ojos y ayudar por
crear un mundo mejor, el simple echo de
cerrar los ojos y no extender nuestra
mano para aliviar el dolor se está
produciendo dolor, la omisión y
la ceguera no permite que el amor reine
en el mundo. Tal vez no podamos cambiar
el mundo, pero si uno intenta cambiar
su mundo ya está trasformando el
dolor, la angustia por el amor, ya que
este último es el mejor terapeuta,
el mejor sanador de nuestras propias enfermedades.
Es
hora de abrir los ojos y extender nuestras
manos alrededor.
Fuente:
cuerpomenteyespiritu.com
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